En mi canto evoco de la escuela sus lecciones diarias,
las huellas infantiles en las pequeñas escalas,
el juego de fútbol después de la lluvia
y las hojas rasgadas para hacer aviones.
Piso en el camino escolar las huellas de mis maestros:
ángeles vestidos de silbos,
ángeles con un lirio cortado
florecido en su cuello
y un corazón
como la suavidad del agua y
la transparencia del aire.
Oficio el antiguo ritual de mis maestros.
Consagro en este templo el tiempo.
Estudio la mañana que llega.
Miro los antes y
escribo los después.
No soy campana caída.
Mi aullido congrega y
dispersa.
Soy señal de alarma en la noche,
puente hacia tu orilla.
Colegio La Salle de Zipaquirá
