Este blog es personal e intransferible. Aquí también escriben mis personajes literarios.
viernes, 24 de noviembre de 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
Poema de olvido
Mención a su obra POEMA DE OLVIDO
Mil poemas por la Paz de Colombia
Estimado Alexánder Buitrago Bolívar, me es grato informarle que el jurado calificador del V Concurso Internacional "Mil Poemas por la Paz de Colombia", concedió Mención a su obra POEMA DE OLVIDO.
Lo felicito sinceramente y agradezco su contribución con este anhelo de todo un país. En próximos días estaré haciéndole llegar su respectivo diploma.
Lo felicito sinceramente y agradezco su contribución con este anhelo de todo un país. En próximos días estaré haciéndole llegar su respectivo diploma.
Cordialmente,
Carlos Gerardo Orjuela Betancourt.
___________________
Poema
de olvido
Recuerdo
mis olvidos.
Mi
infancia como un largo invierno.
Yo
espero bajo los aleros entusiastas
y
fríos,
a
orillas de estas páginas
blandas por el frío,
la
lluvia que rompe mis zapatos
y
la noche en la que viajo peregrino.
*
Esta
mañana de aguacero musical
en
que a manotadas cavo en los recuerdos,
remuevo
capas de olvido,
hallo
poemas, faros, tareas aplazadas,
regaños
por llegar tarde al invierno
o
por lloverme demasiado,
esta
mañana de silbos destruidos por la lluvia,
inviernos,
bibliotecas rotas dentro de tu cuerpo,
hay
que morder el denso volumen de tu cuerpo,
la
punta endurecida de tus pezones erguidos como agujas,
lamer
la profunda estalactita rosada entre tus piernas,
extraer
a besos los olvidos incrustados como espinas en tus piernas,
soltar
las aves que llevo dentro para que ardan mis palabras,
bajo
la luz
de
esta calle imaginaria
de
lento murmullo ahogado
que
llamo lluvia voz adentro
o
viento abajo acá dentro de mí,
esta
mañana de aguacero musical
hay
que escribir ahoras callados en la lluvia,
oír
las flores inclinadas dentro del violín del viento,
ser
aire de tu orilla
y
poblar tu pensativo azul de tigres o de olvidos
-que es lo mismo.
*
Yo
escribo en los cuadernos destruidos
mis
aullidos,
activo
y
desactivo el mecanismo del olvido
y
lavo este renglón de barro
de
adolorida hierba que creció en combate,
los
abrojos de las ensangrentadas ruinas,
y
beso cuerpo adentro
hasta
tus árboles volcados dentro
no
tus antiguas bibliotecas
ardiendo
aún bajo los bombardeos,
no
las palabras abandonadas
como
estatuas al crepúsculo
sino
tu inmortalidad de número
o
de olvido,
mía
bajo la lluvia,
viernes, 22 de septiembre de 2017
jueves, 13 de julio de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
El colegial
Palabras pronunciadas el 15 de mayo de 2017 para los profesores de La Salle de Zipaquirá.
Recuerdo caminar como un estudiante más por estos
corredores que ahora pueblan mis fantasmas. El colegio era casi el mismo que yo
conozco ahora como coordinador comportamental. Como coordinador de disciplina.
O, en palabras de otros, como coordinador de desarrollo humano. Entonces, no me
preocupaba si los estudiantes alineaban adecuadamente en el patio los días
lunes o en cualquiera de las celebraciones comunitarias (izadas de banderas,
misas, etc), ni estaba atento al cabello largo de los otros, al piercing de mi amigo,
ni tampoco revisaba si traíamos peine o pañuelo o si se asistía a clase con el
pantalón de la sudadera entubado, ni me enojaba si alguien entraba a clase o
no, menos aún si las jóvenes estudiantes llevaban el cabello recogido, las uñas
pintadas o si el borde de su falda caía justo a la mitad de su rodilla, porque,
sencillamente, la institución no era mixta.
Yo, un estudiante promedio, uno del montón, uno más con
dificultades académicas (siempre habilitaba inglés y matemáticas), distraído e
inseguro al preferir eludir las preguntas del profesor, altamente responsable
al nunca haber faltado a clase o jamás fallar en tareas, apasionado futbolista
de barrio, más bien enamoradizo, adolescente soñador y quizás temeroso de un futuro incierto, qué
iba a saber que años después sería Hermano de La Salle. Imposible haber
adivinado que esos primeros poemas llenos de errores ortográficos de la clase
de español en noveno –poemas realizados desde mi corazón en duelo por la muerte
de Fernando Quiroz en una tragedia automovilística en la vía La Caro, antes del
Puente del Común, compañero de clases y de fútbol al descanso- trazarían el
sendero de mi proyecto de vida como escritor, y, menos, suponer que las
exhortaciones en torno al evangelio según San Mateo del Hermano Francisco Nieto
Sánchez, rector y profesor de Química, quizás alentarían mi vuelo para saltar
al abismo de lo absurdo.
Obviamente, también yo, no sé si como los de mi
generación, viví a mi manera mi rebeldía sin causa en los noventas, en la era
de la máquina de escribir, en la década que aún celebraba las proezas del
escarabajo de los ochentas Lucho Herrera, en los años del casete y de la gota
fría, rayando el sol, vive la vida loca y la chispa adecuada, aún con el olor
reciente en la nariz de la caída del muro de Berlín, sin que me importara
demasiado la elección de Nelson Mandela como presidente de Sudáfrica ni que
Kurt Cobain se hubiese suicidado, no obstante mis intentos fallidos por hacerle
copia a la profesora Sara de Rey o a Martha de Karkómez o a Daniel Hernández,
mi rebeldía ya era silenciosa y significativa, no me proponía ser el mejor
académicamente ni el más elogiado ni el más "goleador" ni el más mujeriego: quería,
sencillamente, sentir el aire, reír, disfrutar jugando fútbol o diseñando
cometas de papel para hacerlas volar en el azul y, luego, en casa, sin el
bullicio de la fiesta del día, escribía y escribía y escribía mis sueños en un
cuaderno que sólo mi madre llegó a conocer.
Sabrán que fue hace bastante de esto que
cuento, pero, ahora que ya no soy muchacho, que los años y los libros y la
escritura y la vida religiosa han moldeado mi existencia, regreso a esa época
de incertidumbres y alegrías, a mis años juveniles en los que vivía mi madre y
mis hermanos eran más pequeños y mi padre caminaba menos encorvado, y agradezco
a mis maestros su exigencia, su entrega, sus regaños a tiempo, sus lecciones
sobre esta vida y la otra, la de más allá, incluso agradezco los debates de si
el rock era o no satánico y aquello de que no a ir misa era condenatorio,
agradezco la disciplina del peine y el pañuelo, el llegar a tiempo, el ser
decente, el vestir elegante, el usar cabello corto, la buena ortografía, el
orden en cuadernos, hacer tareas, llegar a tiempo a todo, respetar los himnos y
los símbolos patrios, el orden en la vida personal…
Qué voy yo a saber si más adelante, en unos
años, seré yo un fantasma que habite estos zaguanes, estos salones vulnerables
repletos de estudiantes, estos patios memorables que la lluvia lava siempre para
preparar el ingreso a clase de estudiantes alegres y entusiastas por vivir su
propia rebeldía, de maestros osados y experimentados que hablan de la vida y
sueñan con una educación liberadora e incluyente, de Hermanos de la Salle que
dejan huella en los corazones de la gente. Entonces, seguro, si se me permite
esa dicha, esa gracia, esa rebeldía, seré feliz al vivir eternamente en el
lugar donde nacieron mis primeros sueños y, por primera vez, cayó a mi alma como
un grito la semilla de la libertad y la esperanza.
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